jueves, octubre 12, 2006

Joel Calero: El cine y el estadista

Artículo aparecido en Peru 21, Martes 10/10/2006

Los hombres son sus actos, escribió el poeta español Pedro Salinas. Bajo esa óptica, resulta revelador recordar qué hicieron por la cultura nuestros dos últimos gobernantes. ¿Cómo no tener en cuenta que bajo el gobierno de Fujimori “floreció” una cultura lumpen que aún hoy estraga el país? ¿Cómo podremos olvidar que durante su gobierno se derogó una exitosa ley de cine que acabó destruyendo la incipiente industria cinematográfica de ese entonces para, en su lugar, instituir y legitimar la cultura audiovisual de las Lauras Bozzo y los cómicos de la risa grotesca, racista y homofóbica que impera hasta ahora?

Para reparar su estropicio, Fujimori promulgó una ley sustituta. Pero tanto su gobierno, como el de Toledo, se limitaron a dar apenas el 15% del presupuesto que dicha ley estableció. Ambos gobiernos fueron, pues, absolutamente miopes ante el valor social, cultural y económico del cine, olvidando en la práctica que cultura y educación están íntimamente ligados y se nutren mutuamente en un proceso recursivo e infinito. ¿Será casualidad que el Perú -el país cuyos escolares ocupan el último lugar en sudamérica en comprensión lectora- sea el país que menos dinero destina a la cultura en el continente? ¿Será casualidad que, además, seamos el país que menos promueve su cinematografía nacional en toda latinoamérica? ¿Cómo se puede formar un gusto por la lectura y construir nociones de ciudadanía en una población cuyo único goce estético semanal es tan solo el ‘ampay telebasurero’? Y esto, por cierto, no alude sólo a los sectores socio-económicos más bajos de nuestro país. No nos olvidemos que pocas cosas pueden ser más chichas y fujimoroides que esa ética discriminatoria que el balneario de Asia (Eishha) representa. Fernando Fuenzalida dijo alguna vez que la única diferencia entre los sectores más altos y más bajos de la sociedad es el número de ceros en la cuenta bancaria y el costo de sus perfumes. ¿Seguirán creyendo nuestros tecnócratas que podemos, como sociedad y civilización, seguir dándole la espalda a la cultura?

¿Qué hará Alan García por la cultura y el cine peruano? ¿Habrá comprendido durante su estadía parisina que el cine y la cultura se deben promover desde el estado, porque esa es la única manera de evitar que nuestra diversidad cultural termine macdonalizándose? ¿Tendrá la grandeza moral para convertirse en un estadista que apueste por el valor edificante de la cultura? En estos días, se discute el presupuesto del ministerio de educación, entidad de la cual depende CONACINE, el organismo de cinematografía peruana. ¿Cumplirá este gobierno su deber y asignará al cine peruano el presupuesto íntegro que la ley establece? El Perú, no lo olvide, señor presidente, no es una simple empresa: es un país, una historia, un proyecto de sociedad.

1 Comments:

At 10:46 p. m., Blogger albz93 said...

Me parece muy bien, los apoyo.

 

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